imperio millonario que comenzó con un corazón roto

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Bárbara era una chica de Nueva Jersey que trabajaba como camarera en un restaurante. Su primer reto laboral era competir con otras camareras para obtener más clientes. Una noche, Ramón Simon entró al restaurante y fue atendido por Bárbara. Con el tiempo se enamoran y se mudan a la ciudad de Nueva York. Como Bárbara se encontraba desempleada, Simon le prestó 1.000 dólares para iniciar su propio negocio.

Él tomó el 51% de las acciones, después de todo él era el socio financiero y yo era el socio de trabajo, y tomé el 49% y comencé una pequeña empresa de corredores de alquiler en Nueva York, relata Barbara como eran las cosas en sus inicios.

Ese fue el inicio de su primer negocio, el cuál duró 7 años y del cual asegura les iba muy bien, al grado que lograron tener 14 vendedores. Sin embargo, un mal día Simon llegó a casa y anunció que se iba a casar con la secretaria de ambos.

“Yo no lo podía creer. Pensé que era una broma de mal gusto. Sólo un día antes había hablado con Tina, que era la secretaria de los dos, y dentro de esa fracción de segundo la odié como nunca antes había odiado a nadie. Me dijo que me tomara mi tiempo para mudarme, pero solo agarré mi cepillo de dientes y salí de la casa”, recuerda Bárbara.

Verlo a él junto a su secretaria durante dos años fue muy duro, pero un viernes de mañana se levantó y pensó: “No quiero hacer esto nunca más”. Habló con Simon y le dijo que terminarían el negocio como un empate de fútbol: Cogió a la primera persona, ella a la segunda, así hasta dividirse a los 14 empleados y se fue de esa oficina con la mitad del dinero que le correspondía, que era alrededor de 12.000 dólares.




Para el día de lunes, Barbara ya contaba con una nueva oficina, solo tuvo que conseguir los muebles y las líneas telefónicas para empezar en su marca Corcoran Group.
Una de las mayores motivaciones que tuvo fue que su ex pareja y ex colaborador le dijo:

“Tú sabes Bárbara, nunca tendrás éxito sin mí”

Las palabras se le quedaron grabadas en su mente. Cada vez que pensaba que iba a fallar, cada vez que mi espalda estaba contra la pared y cada recesión de bienes raíces en la que no tenía dinero, creía que no tenía suerte, y pensando que iba hacia abajo, solo pensaba en esas palabras, y un milagro sucedía.

Esas palabras fueron su motivación, ya que no podría soportar la idea de que él la vería fracasar. Pasaron más de 20 años y recientemente vendió su negocio por 66 millones de dólares.

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